“No caben aquí los nombres de esas cuarenta y dos escritoras. Me gustaría ponerlos como marca de agua en estas páginas en las que cuento esta historia de un género que realizó felizmente una acción afirmativa.”
Nektli Rojas
Narrando el Género
Había una vez cuarenta y dos mujeres que escribían. Algunas de ellas, muy conscientes de ser escritoras; otras, no tanto; unas más, de plano con miedo o reticencia de autodenominarse así. Poetas, narradoras, tal vez algunas dramaturgas o con una novela dentro. Todas son poderosas sin que nadie lo reconozca, a veces ni ellas mismas.
Siempre que me es posible, le aclaro a las personas que mi corazón no es separatista, que no creo que haya una esencia femenina, que los hombres también pueden ser feministas, me sumo a Sojourner Truth: “Si no es un lugar adecuado para las mujeres, no es un lugar adecuado para los hombres”. Sin embargo, el azar me ha llevado por el camino de algunos proyectos separatistas. Tengo que confesarlo, es otra manera de trabajar, de respirar, de crear, de habitar el quehacer cultural… y el mundo.
Dentro de la segunda Feria Internacional del Libro y la Lectura de Morelia (FILLM), el martes 26 de septiembre se presentaron dos antologías, una de poesía y otra de narrativa, que reunieron a esas cuarenta y dos mujeres: Hechas de letras. La convocatoria, cuya llamada ellas respondieron, fue hecha por la Secretaría de Cultura de Morelia y acunada por la Colectiva Tait (Sandra Aguilera, Mara Rahab Bautista, Ivonne Solano y yo).
Los textos fueron elegidos sólo por juradas: Jacinta Ceballos, Karla Cerriteño, Victoria Equihua, Cristina Liceaga, Sandra Lorenzano y Adriana Sáenz. El diseño editorial fue realizado por Celeste Jaime y Elizabeth Treviño. Dentro de la Secretaría de Cultura, tres personas estuvieron mayormente involucradas: Ireri Ortiz, Karen Mora y la titular, Fátima Chávez. Todo el trabajo fue realizado por manos, mentes, corazones, intenciones femeniles.
(Gran paréntesis. Siguiendo a Toril Moi en su ensayo Feminist, Female, Feminine, uso el adjetivo femenil para no usar femenina, que el patriarcado ha cargado de esencialismos. Aunque sé que muchas feministas rescatan el término femenino y lo intentan resemantizar, a mí su connotación me sigue pareciendo tremenda, y no me permite incluirme en ese espacio de significado.)
Fue la primera convocatoria transincluyente en Morelia. En la presentación de la FILLM, se pusieron dos filas de sillas adelante, en el público, parar dar cabida a las escritoras, que conformaban una biomasa escritural diversa e imponente, llena del brillo de los sueños realizados. En escenario, una narradora y una poeta representaron a todas las demás. Se pusieron de acuerdo minutos antes, sin que nadie se hiciera heridas de ego. Una de ellas, una mujer trans, compartió la importancia que tiene que, desde instituciones gubernamentales, se ejerza la igualdad de derechos, amparada por la Constitución, y muchas ocasiones ignorada.
Fue también una convocatoria que no puso límites de edad. Tal vez, al combatir el adultocentrismo, no se ha cuidado de no excluir a lxs adultxs mayores. Hubo una segunda presentación en Flor y canto la tarde del viernes 6. El lugar estaba atiborrado. Las narradoras asistentes leyeron fragmentos de su trabajo. Todas pudimos ver sus caras, escuchar sus voces: contraltos, sopranos, mezzos entonaban sus experiencias, sus pensamientos, un pedazo de sus vidas. Como si entre todas, mano a mano, crearan una enorme cobija debajo de la cual todas cupiéramos. De colores múltiples, con personajes de ciencia ficción, abuelas, amantes, madres, padres ausentes, taxis malvados, feminicidios, brujas, niñas traumadas, reflexiones hípicas, cochinitos devorados por caimanes, aretes enloquecidos. Aunque todas mayores de edad, algunas escritoras eran muy jóvenes, pero otras lucían sus canas, sus arrugas en las que no se esconden trivialidades ni comentarios devaluatorios.
Como puntilla de ese tejido, las horas-ojo de las editoras a la caza de la errata, de la corrección –que es actividad condenada al fracaso. Si Euristeo le hubiera impuesto a Hércules como décimo tercer trabajo ser editor, la cosa también le hubiera salido mal porque, como dice Raúl Renán, el duende de la errata siempre gana. Pero acá, era un hada. Es diferente. El hada de la errata igual trastoca títulos (¡perdón, perdón!), pero también arroja su polvo de luz, dispuesta a conceder dones.
A mí, me concedió el de aprender de estas escritoras, el de las lágrimas de emoción, tangible como una casa de puertas y ventanas abiertas por donde el aire limpia y pasea cargado del sonido de los relatos. No caben aquí los nombres de esas cuarenta y dos escritoras. Me gustaría ponerlos como marca de agua en estas páginas en las que cuento esta historia de un género que realizó felizmente una acción afirmativa.
__________________________
* Las que se toman para disminuir la asimetría entre los géneros.
Ilustración portada: Luna Monreal
