Regla de Tres

Townes Van Zandt, una voz en la carretera

“Recorrió muchas ciudades y en cada una de ellas, visitaba por lo menos un bar donde presentarse.”

Sometimes I don’t know where
This dirty road is taking me
Sometimes I can’t eve know the reason why
Townes Van Zandt


Torreón Nuevo no es Fort Worth, Texas y, los taxistas de plataforma atracados por Antonio Ramírez, un joven de 24 años, tampoco son vaqueros dedicados al tráfico de whisky. Lo único cierto es que conduzco un auto chino de color negro, cuyo nombre traducido al español es alma —irónico, lo sé— y que la voz de Townes Van Zandt suena tan íntima en mi estéreo que está a punto de convencerme de montarme a la carretera por unas veintidós horas hasta Tijuana.

La verdad es que desde hace tiempo mi coche se ha convertido en mi living room musical y sólo ahí, frente al volante y en mesurado movimiento y volumen puedo privarme un poco del ruido externo y escuchar lo que en verdad deseo. Y muchas veces ese deseo, también es absoluto silencio.

Pero estas últimas semanas han sido difíciles de digerir: incertidumbre laboral, una urgencia médica de la mujer que más amo y una necesidad inexorable de redimirme como editor. Todo un cóctel para escuchar al texano John Townes mientras trato de encontrar en esta ciudad estéril mi Tuscaloosa bar.

Townes Van Zandt nació en Fort Worth, Texas, en el seno de una familia acomodada vinculada a la industria petrolera. Inició su trayectoria como cantante de folk a mediados de la década de 1960, actuando en clubes como Sand Mountain y el Old Quarter, en Houston. En esos primeros años entabló relación con músicos texanos que influirían profundamente en su obra, tanto del ámbito del country -como su amigo Guy Clark- como del blues, género en el que fue especialmente notable la huella de Lightnin’ Hopkins en su estilo guitarrístico.

Gracias al apoyo del también texano Mickey Newbury, logró trascender el circuito de bares y clubes y viajar a Nashville para grabar su primer álbum. En 1968 publicó For the Sake of the Song, al que siguieron, en los cinco años posteriores, otros cinco trabajos: Our Mother the Mountain, Townes Van Zandt, Delta Momma Blues, High, Low and in Between y The Late Great Townes Van Zandt.

En estos discos se encuentran algunas de sus composiciones más celebradas, como “For the Sake of the Song”, “To Live Is to Fly”, “Tecumseh Valley” y “Pancho and Lefty”, esta última popularizada más tarde por Willie Nelson.

Sé muy bien que a Jack Kerouac le encantaba Lester Young, pero si el autor de In the road fuese un cantante, sería Van Zandt.

Lo anterior lo menciono porque Townes Van Zandt vivió buena parte de su existencia como un trovador errante, en medio de la carretera. Recorrió muchas ciudades y en cada una de ellas, visitaba por lo menos un bar donde presentarse. Lejos de la industria musical.

En distintas etapas llegó a vivir en condiciones precarias, incluso en una cabaña sin electricidad en Tennessee, una imagen que parece salida de una de sus propias canciones: austera, silenciosa y cargada de una melancolía persistente. Y dicho estilo de vida itinerante marcó el tono y la profundidad de su obra.

Su música se apoyaba en un delicado fingerpicking heredero del blues rural, con ecos de viejos maestros del sur, y servía de sostén a letras de una hondura poco común. En sus canciones exploró la soledad, la pérdida, el desarraigo y la desesperación con una honestidad casi dolorosa, pero también con una sensibilidad poética que transformaba la experiencia personal en reflexión universal.

El éxito comercial no tocó las puertas del tejano, pero se ha dicho que su legado es más grande que el del mismo Bob Dylan. Y más allá de su lucha contra la heroína, el alcoholismo y la bipolaridad; la genialidad no romantizada es innegable.

Por eso, ahora que conduzco por estas calles estériles de una ciudad de cantera escasa y muy lejos de Texas u otro desierto, escuchar a John Townes Van Zandt me reconforta en la plenitud de su tristeza desgarradora. No me importa encasillarlo en folk, blues, country o una vaina similar, lo también cierto es que su música está destinada al viaje, a la carretera.

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