Regla de Tres

Una banda que me mostró Ricardo Piglia

“Además de su enigmático nombre, es un viaje oscuro y evocador a través de sonidos densos…”

La literatura también tiene sus bandas sonoras. Solo que, a diferencia del séptimo arte, estas tienen que ser más cuidadosas a la hora de su curaduría, es decir, colocarlas con precisión narrativa para que no engulla toda la trama.

La música en la narrativa opera en distintas capas y los ejemplos sobran. A veces desde el ritmo en lo sintáctico, otras, estructuran la trama y el carácter de los personajes o bien, muchas más son el acompañamiento perfecto para la creación de la atmósfera.

En consecuencia, para un melómano como yo, se agradece cuando la autora o el autor te obsequia ese grupo o banda que no sólo actúa como un artilugio estético de la obra en turno, sino también, te regala esa banda que desconocías y termina por convertirse en el ornamento sonoro predilecto para deambular algunas épocas de tu vida misma.

Por ejemplo:

En la calle era noche cerrada. Junior paró un taxi y le pidió al chofer que lo llevara hasta el Museo. Tenía que viajar más de una hora. La marcha era suave, empezaba a anochecer y toda la ciudad estaba iluminada. Se puso los walk-man. sonaba Crime &  the City Solution. En el techo de algunos edificios, los reflectores barrían el cielo con un haz azul. Tenía la grabación que le había dado Renzi. Era el último relato conocido de la máquina. Un testimonio, la voz de un testigo, que contaba lo que había visto. Los hechos sucedían en el presente, en el borde del mundo, los signos del horror marcados en la tierra. La historia circulaba de mano en mano en copias y en reproducciones y se conseguía en las librerías de Corrientes y en los bares del Bajo. Junior puso el casete y se dejó llevar por el tono del que había empezado a narrar. Al costado la ciudad se disolvía en la niebla del otoño, mientras el auto tomaba por Leandro Alem hacia el sur.

Ese es uno de los fragmentos con los que inicia La ciudad ausente, novela del escritor argentino Ricardo Piglia. Se trata de una obra de ficción distópica ambientada en la ciudad de Buenos Aires, sometida a la represión del Estado, en la que una “máquina de narrar” provoca una serie de confusiones al entrelazar sus propios relatos con aquellos dictados por el poder, considerados la historia oficial.

En este contexto, Miguel Mac Kensey o ʺJunior», reportero del diario El Mundo, emprende un recorrido por la ciudad guiado por enigmáticas llamadas telefónicas. Este viaje lo conduce a través de los relatos de la máquina, las narraciones oficiales y las experiencias de quienes participan en esas memorias compartidas, donde la realidad y la ficción se confunden y se superponen constantemente.

Lo sorprendente acá, es que desde el inicio de la novela Piglia marca el tono y dibuja la atmósfera sonora en la que se desenvolverá este reportero. Además, el hecho de que sea Crime & the City Solution el elemento estético musical no es nada gratuito.

En una época cuando desayunaba, comía y cenaba Piglia a un ritmo que no he vuelto a recuperar: teoría por la mañana, narrativa por la tarde y sus diarios al anochecer, esta banda desconocida marcó sin duda también mis lecturas, no sólo de La ciudad ausente.

La música de Crime & the City Solution se caracteriza por una estética sonora profundamente atmosférica, introspectiva y oscura que la distingue dentro del post-punk y el rock alternativo. Surgida en Sídney a finales de los años setenta bajo el liderazgo del vocalista y compositor Simon Bonney, la banda ha explorado a lo largo de su trayectoria un terreno donde convergen el sonido sombrío, el dramatismo expresivo y una sensibilidad casi cinematográfica.

Por ello, para Piglia fue la banda perfecta para esta gran novela. Además de su enigmático nombre, es un viaje oscuro y evocador a través de sonidos densos, voces narrativas y atmósferas que evocan paisajes interiores de introspección, melancolía y reflexión. Mismos estados en los que viven los personajes y el mismo Piglia cuando los estaba escribiendo.

Cuando Junior escucha la cinta curiosamente suena Crime and City Solution, que bien podría ser el título de la grabación también, o incluso, título de la novela entera. La grabación narra sobre crímenes, sobre muertos y sobre el horror imposible de describir. Cinco historias donde acontecen cinco ejecuciones.

La banda se disolvió en 1979 dejando solo grabaciones piratas y demos. A finales de 1983, Bonney se mudó a Londres y en 1985 formó una nueva versión del grupo. Finalmente se establecieron en Berlín Occidental y lanzaron cuatro álbumes: Room of Lights (1986), Shine (1988), The Bride Ship (1989) y Paradise Discotheque (1990), antes de disolverse nuevamente en 1991. En 2012, Bonney reformó la banda en Detroit con dos veteranos de su era berlinesa y un puñado de nuevos miembros.

No me extrañaría que en uno de los tantos viajes que Piglia realizó, se haya encontrado en algún sitio de viejo una de estas cintas perdidas de los australianos.

La música de Crime & the City Solution ha sido elogiada por su cualidad cinematográfica, y no es casual justamente evocar estas imágenes para una historia distópica tan particular como en La ciudad ausente.

«Steal to the Seaʺ por ejemplo, funciona como una pieza contemplativa y melancólica que refuerza el carácter literario y cinematográfico de Crime & the City Solution: música que no describe emociones, sino que las encarna, invitando al oyente a tirarse del borde hacia el vacío. Así como ese primer encuentro de Junior con la cinta que resguarda los crímenes más atroces cometidos por el Estado.

Musicalmente, esta banda posee una estética que privilegia tempos lentos, texturas densas y atmósferas cargadas de melancolía y tensión emocional. La voz de Bonney, frecuentemente descrita como abandonada o evocadora, aporta una cualidad narrativa y performativa con la que autores como Piglia pueden usar a su favor literario.

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