“Tantos crímenes, por encargo y por gusto, fueron dejando huellas, pistas y secuelas que, a la postre, llevaron a su captura…”
Gerardo Pérez Escutia
Zona Oscura
El true crime es un género literario que cada vez gana más adeptos; podemos decir que entra en el gran paraguas del noir, pero con una premisa muy específica: las historias de las que trata se basan en hechos reales; a partir de ahí, los autores se toman la licencia de novelar sus relatos, imponiendo su estilo y oficio literario propios.
Así, se han logrado grandes obras que, a estas alturas, ya son verdaderos clásicos, como: A sangre fría de Truman Capote, El adversario de Emmanuel Carrère o La canción del verdugo de Norman Mailer. Todas estas obras, además de narrar crímenes truculentos exploran la psicología y motivaciones de las víctimas y sus victimarios, ubican a sus personajes en sus entornos sociales particulares, ofreciéndonos a los lectores historias que no solo nos cuentan una tragedia, sino que nos sumergen en momentos y lugares específicos en los que se desarrollaron los crímenes, dándonos una perspectiva amplia del contexto de donde surgen los hechos narrados. Estos elementos añaden a los relatos el ingrediente fundamental del realismo —y en muchos casos la cercanía— con las impactantes historias noveladas, haciendo que su huella perdure en nuestra memoria de una manera indeleble.
Hoy vamos a recomendar una obra que entra totalmente en el true crime. Hablamos de: Kuklinski (Ediciones Siruela, S. A., 2025) de Ernesto Mallo (La Plata, Argentina, 1948).

Ernesto Mallo es un prestigiado autor de novela negra, además de dramaturgo y periodista independiente; es muy conocido por las obras protagonizadas por el comisario Lascano, su personaje más emblemático.
Es un lugar común muy manido decir que “la realidad siempre supera a la ficción”, pero en el caso de la historia de Richard Kuklinski esta premisa se queda muy corta, pues la “vida y milagros” de este personaje superan con creces casi cualquier obra de ficción criminal, y da no solo para una, sino para muchas novelas que puedan abarcar su impacto en el mundo del crimen, e intentar comprender los oscuros abismos de su mente.
Richard Kuklinski fue detenido en diciembre de 1986 en Nueva Jersey, terminando así una carrera delictiva de más de tres décadas y culminando una investigación de varios años encabezada por el investigador Pat Kane. Al irse conociendo los detalles de la prolífica carrera criminal de Kuklinski, su caso despertó el interés de escritores y productores de series de TV, y durante los años que estuvo en la prisión de Trenton State se grabaron muchas horas de entrevistas que culminaron en tres series que en la primera década de este siglo se transmitieron por la cadena de TV HBO. Así pues, el recuento de sus crímenes y las horas de conversación grabadas donde relata su historia son la base que utilizó Ernesto Mallo para hacer este libro, en el cual logra plasmar libremente un retrato estremecedor de las motivaciones y abismos psicológicos de un asesino como muy pocos que se tengan documentados.
Richard Kuklinski nació en 1934 en Jersey City, en un hogar totalmente quebrado. Sus padres, Stanley Kuklinski (inmigrante polaco) y Anna, se pasaron la vida borrachos, odiándose y agrediéndose mutuamente, y cuando ya no les bastaba su mutuo odio, lo canalizaban a sus hijos, en quienes vertían sus frustraciones a base de golpes y gritos destemplados. Este infierno doméstico culminó en la muerte, durante una golpiza, de su hermano mayor Florian, muerte que disfrazaron sus padres como una caída por las escaleras. Por si esto fuera poco, su hermano menor, Joseph, fue condenado por violar y asesinar a una niña de doce años, a quien arrojó desde el tejado de un edificio vecino.
Este ambiente enfermo fue el caldo de cultivo en el que Richard se convirtió en un joven rencoroso y ensimismado, que se fugaba de la realidad a través la lectura de las historias de pulp fiction a las que se hizo asiduo, costumbre que ya nunca abandonaría, llegando a confesar que muchos de sus crímenes encontraron inspiración en los relatos que leía compulsivamente, pero sobre todo, en el odio que le profesaba a su padre, al grado de que llego a confesar que de lo único de lo que se arrepentía en la vida era de no haberlo matado.
Desde pequeño, Richard descubrió que sus demonios y angustias se acallaban cuando infligía dolor: de niño, matando gatos, y ya en la adolescencia, cuando cometió su primer asesinato al apuñalar al líder de una banda juvenil que lo hostigaba constantemente. Así comenzó su larga carrera criminal que culminaría más de tres décadas y muchos asesinatos después.
Richard Kuklinski era especial en muchos sentidos: medía casi dos metros de altura y pesaba unos ciento treinta kilos; poseía una fuerza descomunal, pero al mismo tiempo sabía ser sigiloso y paciente. Dueño de una mente calculadora y una memoria fotográfica, aunadas a una casi total ausencia de límites morales, era la mezcla perfecta para convertirse en una máquina asesina.

Desde muy joven supo que sus habilidades únicas le podrían asegurar buenos ingresos económicos, además de procurarle los medios de satisfacer sus instintos y acallar sus demonios. Así fue labrándose su carrera como asesino a sueldo de la mafia del Este de los Estados Unidos, en especial de la familia Gambino. A Kuklinski se le conocía en el medio criminal como el hombre de hielo, tanto por su frío temperamento como por la costumbre de congelar a algunas de sus víctimas para impedir que se conociera la fecha y lugar de su muerte. Era meticuloso y “profesional”, y mataba a “la carta”: con arma de fuego, cuchillo, estrangulando, con veneno, o incluso con medios tan crueles como hacer que sus víctimas fueran devoradas en vida por ratas. Su larga carrera criminal le permitió vivir una vida holgada en lo económico con su esposa Bárbara y sus tres hijas, quienes nunca supieron -antes de que lo detuvieran- a qué se dedicaba su padre y esposo, pues él siempre les dijo que trabajaba en la construcción. Así transcurrieron los años, viviendo en una doble vida de padre y ciudadano ejemplar durante el día, y de asesino despiadado durante la noche, una especie de “Dr. Jekyll and Mr. Hyde” moderno.
Tantos crímenes, por encargo y por gusto, fueron dejando huellas, pistas y secuelas que, a la postre, llevaron a su captura, lo cual lo catapultó como celebridad nacional, elevándolo al Olimpo del crimen, junto a los asesinos seriales más conocidos como Ted Bundy, Ed Gein o el clan Manson.
Ernesto Mallo, además de narrarnos la vida criminal de Kuklinski, le da voz propia en un largo monólogo que nos permite conocer de primera mano sus motivaciones, sus (muy pocos) temores, la génesis de sus instintos criminales, y su profundo carácter antisocial, nos habla también de sus límites, pues nunca mato ni a niños ni a mujeres, y de las únicas personas que le llegaron a importar: su esposa Bárbara y sus hijas. Así mismo, el autor desarrolla un retrato descarnado de los bajos fondos criminales de los años sesenta y setenta en el este de EUA, de los pactos y traiciones de la Mafia, de la corrupción policiaca y, por último, de la vida carcelaria en la que vivió los últimos veinte años de su vida, quien tal vez ha sido el mayor asesino a sueldo documentado de la historia The Iceman.
Una novela imprescindible para los amantes del género negro y el true crime.
Ilustración portada: Luna Monreal


