“Los mensajes que mandan de fondo todas las acciones del presidente Trump hasta ahora citadas, son perversos y deberían encender las alarmas en todo el mundo”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
No ha pasado ni un mes de haber iniciado el año 2026, y el presidente estadunidense Donald Trump ya ha puesto en jaque la paz y la concordia en la escena internacional, con sus desplantes y disturbios mentales como ejes rectores de la política exterior del país norteamericano. El presente Vivero de ideas constituye una crítica hacia el mandatario en dos rubros: el primero tiene qué ver con la expansión militar y el segundo con su política migratoria. De igual forma, es un llamado a la comunidad internacional a cerrar filas frente a la potencial amenaza que puede significar para el resto de naciones.
El recuento comienza el sábado 3 de enero, cuando fuerzas armadas estadunidenses bombardearon por sorpresa la capital de Venezuela y aprehendieron al presidente Nicolás Maduro. Si bien es cierto que la economía venezolana lleva años padeciendo una severa inflación, la diáspora de ciudadanos venezolanos en otros países ronda los cinco millones de habitantes y las recientes elecciones presidenciales fueron turbias y severamente criticadas por la comunidad internacional, el hecho es lamentable por la manera en que se ejecutó:
Es la primera vez en la historia de las Américas que los Estados Unidos bombardean un país sudamericano. Esta operación militar se llevó a cabo sin el consentimiento del poder legislativo estadunidense, y olvida por completo que los presidentes de cualquier nación no pueden ser juzgados por tribunales nacionales de otros países mientras están en funciones. Es decir, la invasión a Venezuela violó el derecho internacional y las propias leyes de los Estados Unidos. El señor Donald Trump debería ser juzgado en consecuencia.
Por si fuera poco, el mandatario hizo berrinche al no haber sido condecorado con el Premio Nobel de la Paz, y “como castigo”, se adjudicó la atribución de nombrar presidenta Interina a la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez, en vez de María Corina Machado, representante de la oposición venezolana. El episodio se vuelve aún más vergonzoso cuando Machado fue recibida por la puerta trasera de la Casa Blanca y obligada a “ceder” simbólicamente el galardón al energúmeno en cuestión. Un ridículo de talla internacional.
Por otro lado, el mandatario también ha amenazado con ocupar militarmente Groenlandia, y lo peor de todo, con atacar Cuba, Colombia… ¡y nuestro país! Podrá tener como pretexto el avance de los cárteles de narcotraficantes en América Latina y la presencia de tropas rusas en América del Norte, pero lo cierto es que detrás de estas bravuconerías, se encuentran poderosos intereses de las empresas petroleras estadunidenses de acceder a barriles de crudo en Venezuela, o de explotar minerales y tierras raras en el polo norte.
En cuanto a la agresiva política migratoria, los recientes hechos ocurridos en la ciudad de Minneapolis en el estado de Minnesota, son lamentables y merecen la indignación global. Los asesinatos de Renée Good y Alex Pretty, así como el arresto de una menor de 2 años y otro de 5, constituyen una flagrante violación de los derechos humanos, por lo que el mandatario estadunidense también debe ser juzgado ante los máximos tribunales internacionales.
Los mensajes que mandan de fondo todas las acciones del presidente Trump hasta ahora citadas, son perversos y deberían encender las alarmas en todo el mundo, pues van desde la amenaza, la represión y el militarismo como políticas de Estado, hasta: la supremacía de intereses económicos sobre los recursos naturales, la criminalización del derecho humano de migrar y el desprecio por las leyes que rigen el concierto internacional. Pero sobre todo, refuerzan las teorías de supremacía de los hombres blancos, ricos y poderosos, así como el neo colonialismo del Siglo XXI en el que un país del norte global puede disponer a voluntad de cualquier recurso natural existente ya no solo en el sur global, sino también en el propio hemisferio opresor.
En síntesis, lejos de ser acreedor de un Premio Nobel de la Paz y mucho más lejano de ser el baluarte de la “libertad” que tanto pregona, el presidente estadunidense se reafirma en enero del 2026 como una amenaza no solo para los migrantes y ciudadanos de su país, sino también para la coexistencia de los Estados Unidos con el resto del mundo. Es pues, sin el afán de exagerar ni denostar, un desequilibrado mental y un peligro para la humanidad entera.
Ilustración portada: Pity


