“Es un detective al más puro estilo del policiaco clásico, del whodunit, un subgénero de la narrativa policiaca…”
Horacio Cano Camacho
Zona Oscura
Intentando sacar el mayor provecho de los últimos días de vacaciones, me dispuse a un maratón de la trilogía -hasta ahora- de Benoit Blanc, un detective del pasado que intenta seguir vigente en la modernidad. Y el propósito valió la pena: me divertí, puse a prueba mi fascinación por la literatura policiaca clásica y, en general, terminé con un buen sabor de boca.
La trilogía, mejor conocida como la saga Knives Out, fue creada por Rian Johnson, quien también escribió el guion y dirige las películas. Uno de los grandes aciertos fue la incorporación de Daniel Craig en el papel principal. Craig venía de interpretar un rol totalmente opuesto como James Bond. Pero Daniel Craig le aporta a la saga de Benoit Blanc algo que va mucho más allá de “interpretar a otro detective”. Su llegada es un gesto narrativo deliberado: una inversión consciente del héroe masculino contemporáneo, lleno de acción, dominio físico, control, seducción y violencia —mucha violencia—. Benoit Blanc, contrariamente, es autoridad sin violencia; inteligencia, paciencia, escucha, razonamiento, distancia crítica y mucha ironía…
La saga se compone de Knives Out (2019), Glass Onion: A Knives Out Mystery (2022) y Wake Up Dead Man (2025). Las tres están disponibles en Netflix y pasan un poco desapercibidas en su catálogo. Además de Craig, cada película está acompañada de una pléyade de actores y actrices de gran calidad, que refuerzan el excelente papel protagónico y le dan solidez y credibilidad al conjunto.

Benoit Blanc se autodenomina -y los personajes de reparto lo aceptan- como el mejor detective del mundo. Es un detective al más puro estilo del policiaco clásico, del whodunit, un subgénero de la narrativa policiaca cuyo nombre proviene de la pregunta inglesa “Who done it?” -¿quién lo hizo?-. Se trata de historias construidas como un juego intelectual entre autor, detective y lector. Su origen se remonta a Edgar Allan Poe y a su famoso detective Auguste Dupin, y continúa con enorme éxito en figuras como Hércules Poirot, Miss Marple, Sherlock Holmes o el padre Brown, entre otros.
En la saga encontramos el canon del subgénero de manera moderna y muy vigente: ocurre un crimen (casi siempre un asesinato); existe un número limitado de sospechosos; el lector -en este caso, el espectador- recibe las mismas pistas que el detective. La trama avanza hasta revelar la identidad del culpable mediante la lógica, no por casualidad ni fuerza bruta. El placer central no es la violencia, sino resolver el enigma y, por supuesto, la figura de un detective excéntrico, heredero del gran cerebro clásico, inteligente, elegante (aunque kitsch), tratando de resolver un “misterio estúpidamente simple”.
Las tres películas están llenas de referencias y guiños a los clásicos del estilo y retan al espectador a identificarlos: el crimen como rompecabezas, el asesinato entendido como un problema lógico que debe reconstruirse paso a paso; el círculo cerrado -una mansión, una isla (un tren, en el canon clásico)-, espacios limitados que reducen el número de posibles culpables; sospechosos con motivos claros: herencias, celos, secretos, venganzas.

Siempre hay muchas pistas y pistas falsas: algunas visibles, pero llenas de distracciones deliberadas y detalles aparentemente insignificantes. Muchos recordarán la carta perdida en Allan Poe: el mejor lugar para ocultarla es aquel donde está a la vista. En la tercera película hay un guiño perfecto a este principio. Y, al final… llega el momento clásico: el detective reúne a todos, explica su razonamiento y nombra al culpable, o bien este se delata por la ansiedad, intentando anticiparse a las consecuencias.
Se darán cuenta de que no he hablado de cada película en particular. No quiero arruinar la sorpresa. Pero es evidente que Rian Johnson es un apasionado del whodunit y aquí rinde homenaje a Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, G. K. Chesterton, Dorothy L. Sayers, Ellery Queen y el mismísimo Edgar Allan Poe, aunque también se perciben ecos contemporáneos de autores como Richard Osman, Fred Vargas o Anthony Horowitz, entre otros.
Una saga muy recomendable: para quienes ya son lectores y aficionados al género, pero también para quienes desean iniciarse. Benoit Blanc y Knives Out no rompen con la tradición: la renuevan, la actualizan y la hacen cobrar vida ante nuestros ojos. No a la violencia; sí al énfasis en el enigma. Prima la deducción, el juego lógico, y el culpable no es evidente desde el inicio. Una alternativa genial para estos días de realidad trumpeana e imperialista descarnada… No se la pierdan.
Ilustración portada: Luna Monreal


