Regla de Tres

Leonard Cohen: medio siglo de su «fracaso»

Songs of Love and Hate es el tercer álbum de estudio del cantautor, producido por Bob Johnston y lanzado el 19 de marzo de 1971…

Ante la proliferación de las arbitrarias listas que los medios, prestigiosos o no, publican cada cierre de año para comentar, replicar e influenciar a los lectores según sus criterios decidí dejar en paz a Rosalía, Bad Bunny y Lady Gaga, quienes encabezan cada uno de estos ejercicios subjetivos, y en cambio, hablaré de Leonard Cohen para despedir este 2025.

Hace unos días, justamente en la víspera de navidad, David, uno de mis mejores amigos, quien se encuentra de vacaciones en Montreal, me envió un mensaje al WhatsApp: una postal digital del icónico mural de Leonard Cohen ubicado en Crescent Street. Vaya que me conoce.

Sería mentira escribir que fui directamente a escuchar algún disco del canadiense, pero sin duda, en estos últimos días no ha dejado de sonar en mi auto Songs of Love and Hate. Y a pesar que, mientras lo escuchaba y al mismo tiempo esquivaba los cráteres viales de Morelia o soportaba el tráfico por las obras inacabadas, a ratos me ensoñaba en algún suburbio gélido y sombrío de New York.

Songs of Love and Hate es el tercer álbum de estudio del cantautor Leonard Cohen. Producido por Bob Johnston y lanzado el 19 de marzo de 1971 a través de Columbia Records. La obra está compuesta por piezas como «Avalanche», «Last Year’s Man», «Dress Rehearsal Rag», «Diamonds in the Mine», «Love Calls You by Your Name», «Famous Blue Raincoat», «Sing Another Song, Boys» y «Joan of Arc».

No es cualquier cosa que estos ocho temas estén sobreviviendo aún después de más de medio siglo. 

Por otra parte, el arte de la portada se ha vuelto una imagen reconocidísima, pues desde que salió a la venta, el vinilo estaba presentado por una foto en blanco y negro, escasamente detallada, de Cohen, sonriendo, con barba de varios días.

Mientras que en la contraportada no incluía la lista de canciones, sino que estaba escrito y citado un poema corto de Cohen «They Locked Up A Man»:

They locked up a man
Who wanted to rule the world
The fools
They locked up the wrong man

Es sorprendente saber no solo el tiempo que ha resistido una obra de esta naturaleza, sino el poco valor que el mismo Cohen le otorgaba al adjetivarla como un fracaso a pesar de lo que ha significado esta composición para muchos oyentes, críticos y músicos en general.

Y quiero creer que, quizás esta ʺvergüenzaʺ o insatisfacción estética, se deba a que Cohen capturó las contradicciones del amor, la fe, el poder y la identidad. Aquí el amor no es redención automática, sino una fuerza ambigua capaz de salvar y destruir.

El “odio” del título no es violencia gratuita, sino la cara oscura de la pasión, la culpa y el desencanto. Cohen no toma partido por la esperanza fácil; prefiere la lucidez, aunque duela, aunque avergüence y se arrepienta a ratos de haber grabado algo así.

En una entrevista concedida a Alastair Pirrie para New Musical Express en marzo de 1973, apenas dos años después de la publicación del álbum, Cohen se mostró muy crítico con el LP:

«Supongo que podría calificarse de truco, si uno no es particularmente indulgente conmigo. Yo mismo he sido poco indulgente en ocasiones con ese disco y me he arrepentido de muchas cosas. Estaba sobreproducido y excesivamente elaborado… un experimento fallido».

Musicalmente, el álbum es austero hasta lo esencial. Arreglos sobrios que sostienen una voz grave y frágil que no busca imponerse, sino confesarse. Esa economía sonora no empobrece las canciones; al contrario, las vuelve atemporales.

Y justamente ese tono narrativo de la confesión es de lo que más se pueda arrepentir Cohen. Sin saberlo, grabó algo que no era apropiado que otros escucharan, solo elucubraba en su imaginación, como si hubiese pensado en voz alta.

No es gratuito que el álbum abra con una declaración severa: «Avalanche». Cohen adopta una voz casi bíblica para hablar desde una posición de superioridad espiritual que, poco a poco, se revela frágil y contradictoria. La “avalancha” es una metáfora de la consecuencia inevitable del orgullo.

O por ejemplo «Diamonds in the Mine», Cohen mezcla lo personal con lo social. La canción suena como una denuncia contra sistemas corruptos, pero también como una confesión íntima de desilusión. Los “diamantes” simbolizan promesas de valor que resultan ser falsas.

Quizás era una premonición para el futuro retiro al Mount Baldy Zen Center en las montañas de San Gabriel, cerca de Los Ángeles, California, donde Cohen se ordenará en 1994 como monje zen Rinzai y recibiera su nombre de Dharma «Jikan», que significa «silencio» o «el silencioso».

Una de las mejores canciones de toda la trayectoria de Cohen y la que precisamente me hace pensar en un ambiente urbano salvaje, justo como Nueva York es «Famous Blue Raincoat». Escrita como una carta, no hay villanos claros: todos los personajes están heridos.

La canción relata la historia de un triángulo amoroso entre el narrador, una mujer llamada Jane y el destinatario masculino, que es identificado brevemente como mi hermano o mi asesino.

En un libro sobre la vida del poeta canadiense menciona que:

Tuve un buen chubasquero entonces, un Burberry que compré en Londres en 1959. Elizabeth pensaba que parecía una araña dentro de él. Probablemente por eso no iba a venir a Grecia conmigo. Colgaba más heroicamente cuando quité el forro, y alcanzó la gloria cuando las mangas deshilachadas fueron reparadas con un poco de cuero. Las cosas estaban claras. Sabía cómo vestirme en esos días. Fue robado en el desván de Marianne en Nueva York en algún momento durante comienzos de los 70. No solía llevarlo mucho al final.

Otra confesión más de Cohen, hablar de su Burberry azul, de las mujeres que lo acompañaban y sus constantes viajes entre Estados Unidos y la isla griega Hydra, donde se dice que escribió gran parte de este álbum. Una coherencia emocional indudablemente.

El álbum no contiene canciones de relleno ni concesiones al gusto popular. El disco avanza como un libro de poemas oscuros: breve, concentrado, sin distracciones. Esa falta de complacencia lo mantuvo durante años fuera del centro del canon comercial, ese canon que se dedica a hacer listas, pero sin duda, le permitió envejecer consagradamente.

Otra de las canciones más poéticas de esta obra es «Joan of Arc». A través de una figura histórica, Cohen explora la relación entre el amor, el deber y la aniquilación del yo. El final sugiere una unión total que solo se alcanza mediante la pérdida.

En una entrevista de 1988 con John McKenna de RTÉ , Cohen dijo de «Juana de Arco»:

Estaba pensando más en este sentido de un destino que tienen los seres humanos y cómo se encuentran y se casan con su destino… No quiero sugerir en esa canción que lo que ella realmente quería ser era ama de casa. Lo que quiero decir es que tan sola y solitaria como era, tuvo que encontrarse con su destino y ser abrazada por él… visto desde el punto de vista del movimiento de mujeres, ella realmente representa algo asombrosamente original y valiente.

El disco de Cohen se erige desde lo humano, la duda, la ambigüedad moral y el desencanto de la vida. Ante una sociedad cada vez menos paciente, de certezas saturadas y discursos vacíos, Songs of Love and Hate nos recuerda cómo escuchar, cómo esperar, pensar y posteriormente hablar, si es que es necesario.

Así que espero pronto estar de paso por Montreal, congelándome un poco como mi amigo David, llevar mi abrigo cuya marca estará muy lejos de la original, pero el sentimiento a flor de piel.

Y no solo por el mural, sino también por aquel encuentro que se dio entre la guitarra española y un joven Leonard Cohen, una anécdota que compartió en su discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias.

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