Regla de Tres

Los Saicos: cuando el punk me salvó

“…trascendieron a lo mediático con canciones que proclamaban la rebeldía juvenil, el humor negro con lo absurdo y el amor en un formato visceral…”

Durante dos semanas recorrí, cada día a las siete de la mañana, la calle Jirón Carabaya en Lima, Perú. Eso sí, con una parada obligatoria en un café colombiano a la altura de la Plaza Mayor. Esa era la ruta del Hotel Continental —donde me hospedaba—, para llegar a la Casa de la Literatura Peruana.

Y aunque el motivo del viaje fue un congreso de teoría literaria, tuve la oportunidad de constatar algunos elementos que hacen del Perú una fuente inagotable de riqueza cultural: los versos de Blanca Varela, la cosmovisión de Túpac Yupanqui y especialmente, el punk de Los Saicos.

Estos últimos fueron mi salvación una noche que la tertulia se convirtió en juerga. Quién iba a pensar que “Ana”, “Demolición” o “El entierro de los gatos”, canciones que había escuchado en fiestas universitarias, me salvarían de un posible atraco una noche no muy lejos del distrito Lince.

Los Saicos fueron una banda limeña de los años sesenta conformada por Erwin Flores (voz y guitarra), César “Papi” Castrillón (bajo y voz), Rolando “El Chino” Carpio (guitarra solista) y Pancho Guevara (batería).

Su legado: una serie de sencillos rocanroleros que los catapultó a la fama inmediatamente para después, quedar en los anaqueles de la historia musical como los precursores del punk rock. Sí, precursores de un género que se creía británico.

La banda tuvo su noche decisiva, durante el festival de la Cadena de Comentaristas de Discos del Perú -un evento donde se reunía toda la industria musical del país: radio, televisión y disqueras- para premiar a los mejores artistas, productores y figuras del año.

Esa velada cambió para siempre la historia de Los Saicos. Al igual que la aparición de The Beatles en el show de Ed Sullivan, el sonido de la banda sacudió a los espectadores, acostumbrados hasta entonces a las baladas y a las suaves melodías pop de tres minutos.

Los Saicos trascendieron a lo mediático con canciones que proclamaban la rebeldía juvenil, el humor negro con lo absurdo y el amor en un formato visceral, directo y sin filtros. Sencillos que fueron interpretados con una energía desenfrenada, guitarras distorsionadas, riffs violentos y una voz rasgada que rompía con el molde de la música de aquellos años.

Y aunque Erwin Flores, en un tono sarcástico y juguetón, declararía más tarde en un documental hecho por Noisey: “El punk, es una música de mierda. Es una música de músicos que no saben nada, de músicos que tocan con cualquier cosa y que la gente que no sabe nada se emociona”, la verdad es que el punk o al menos su música, han sobrevivido en la cultura cotidiana del Perú, al menos, poco más de medio siglo.

Esto último lo sé, porque aquella madrugada de hace ocho años, mientras caminaba con Diego (un colega que venía con la comitiva brasileña al congreso), en busca de una chifa abierta o al menos un barecito donde conseguir más ron, cruzamos por la placita Manco Cápac donde Los Saicos nos salvaron.

Era tarde y por supuesto que las calles estaban desiertas a excepción de nosotros y seis chicos quienes ya se habían percatado de nuestra presencia. Diego propuso dar media vuelta y huir, sin embargo, noté que escuchaban música mientras tomaban algo, -no sucederá nada-, pensé.

Caminé directamente hacia ellos ignorando la petición de Diego, pero antes de cruzar palabras sonaba «Ana, no huyas de mí. ¿Por qué, Ana, corres de mi amor? Si yo nací para amarte», entonces comencé a cantarla. No dejé que nadie de ellos dijera media palabra antes que nosotros.

En cuanto terminé mi verso, solo pregunté si había un lugar cerca donde beber. Inmediatamente notaron mi acento y al mismo tiempo me ofrecieron una pequeña botella de dudoso licor. Bebí, le dije a Diego que se acercara y nos quedamos al menos tres canciones más, presumiendo que Los Saicos también suenan en México y que los anticuchos, son el mejor bajón para una noche así.

Acá pueden escucharlos:

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