“…otrora referente de la izquierda mexicana, fundado por el michoacano Cuauhtémoc Cárdenas, es hoy un fantasma, o por mucho, un cascarón vacío pintado de amarillo.”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
¿A qué están jugando en lo poquito que queda de PRD en Michoacán? Esa es la pregunta que muchos nos hacemos en redes sociales y que se tratará de dilucidar en el presente Vivero de Ideas a través de una breve cronología del partido en los últimos años.
Para nadie es un secreto que el otrora referente de la izquierda mexicana, fundado por el michoacano Cuauhtémoc Cárdenas, es hoy un fantasma, o por mucho, un cascarón vacío pintado de amarillo. A nivel nacional, las debacles electorales que sufrieron en los comicios de 2021 y 2024, eclipsaron al sol azteca del sistema de partidos mexicanos, y a nivel estatal, tan solo en la Ciudad de México y Michoacán, sobrevivió apenas sostenido por las “tribus” que todavía respondían a Los Chuchos, Miguel Ángel Mancera y Silvano Aureoles.
Ya en tierras michoacanas, el fin de la administración de Silvano Aureoles Conejo se llevó consigo el último aliento de vida que quedaba para este instituto político, al tiempo que el paradero del ex mandatario sigue siendo un enigma.
De esta forma, los únicos liderazgos que quedaron dentro del partido fueron la senadora Araceli Saucedo y los diputados locales Octavio Ocampo y Brissa Arroyo. El caso de la ex alcaldesa de Salvador Escalante es motivo de molestia e indignación: postulada por la alianza PAN-PRI-PRD como candidata al Senado, pidió el “voto útil” de su electorado, ofreció ser una oposición que “salvaría a México del autoritarismo de MORENA”, engrosó las filas de la Marea Rosa… y a tan solo un par de días de rendir protesta, le dio la espalda a su público y le regaló su voto al oficialismo para la aprobación de la Reforma al Poder Judicial. Pasados unos meses después del chaqueteo, regresó quitada de la pena a un evento del PRD en el Centro de Convenciones de Morelia. Sirva esta columna como una exigencia pública para que la senadora conteste: ¿A qué está jugando?
En cuanto a Octavio Ocampo, su incapacidad como dirigente estatal de partido quedó evidenciada durante el reparto de candidaturas a inicios del año pasado, lo que derivó en la toma de la sede estatal en Avenida Camelinas durante una semana por parte de sus correligionarios, encabezados por el ex legislador Antonio García Conejo y el ex secretario de educación, Alberto Frutis.
Mientras que a la legisladora Brissa Arroyo se le vio en mayo pasado en el evento denominado “Despierta Michoacán”, en el cual un conjunto de ex militantes de varios partidos se congregaron en torno al senador y posible candidato a la gubernatura por MORENA, Raúl Morón Orozco. Sin embargo, en su imagen institucional, la “Hija del Sol” aún conserva el color amarillo, quizá como guiño a sus antiguas amistades que aún conserva en el PRD, partido al cual renunció un mes después. Sería conveniente que también responda: ¿A qué está jugando?
Finalmente, algunos otros ex liderazgos perredistas, como Minerva Bautista, Lucila Martínez y Nuria Gabriela Hernández han sudo abducidas por el panismo moreliano encabezado por Alfonso Martínez Alcázar. Se entiende que tampoco apuestan por su partido de origen y prefieren jugársela con el edil.
A manera de colofón, resalta un evento encabezado en días pasados en Huetamo por la Secretaria de Desarrollo Urbano y Movilidad y también pre candidata a gobernadora, Gladyz Butanda. En este surrealista mitin, acompañada por el secretario de salud Elías Ibarra, se pudieron observar lo mismo pancartas guindas que banderines amarillos; una franca dilución de los límites entre MORENA y el PRD en Michoacán.
Teniendo todos estos antecedentes, se confirma que la posición del perredismo michoacano es comprometedora: subordinarse a la voluntad política de Raúl Morón, Alfredo Ramírez Bedolla o Alfonso Martínez es la única alternativa para quien quera salvar su pellejo o seguir haciendo carrera política.
Sin embargo, los electores necesitamos ver una señal clara de que el PRD no existe más y que sus ex militantes ahora mudaron de piel. Pues este vaivén de votaciones, eventos y camisetas, veces amarillos veces guindas, es de muy mal gusto, habla de un asqueroso cálculo político según las necesidades personales de cada uno de los arriba interpelados y sobre todo, genera señales muy confusas que nos llevan a preguntar, de nueva cuenta, a qué están jugando.
Ilustración portada: Luna Monreal


