Víctima de abuso sexual por el alcalde de Tangancícuaro, hoy Gloria Piceno libra una batalla desigual en búsqueda de justicia
Patricia Monreal
Gloria sintió que las náuseas inundaban su cuerpo cuando el repentino asalto de la lengua de Arturo para recorrer sus labios la dejó petrificada. El Palacio Municipal estaba cerrado, y al entrar sólo se percató de la presencia de una mujer policía que les abrió la puerta y del secretario particular del munícipe.
Ella llegó minutos antes de la cita que había acordado con Arturo Hernández Vázquez, alcalde de Tangancícuaro, municipio enclavado en la región Lerma-Chapala de Michoacán. Compró un cigarrillo en una tienda y fumó para dejar que pasaran los minutos, luego se acomodó en una banca de la plaza esperando que el edil arribara a sus oficinas para la reunión programada a las 17:00 horas.
La tarde se apetecía tranquila ese miércoles 2 de octubre de 2024, y Gloria pensó que ese día lograría destrabar el problema que traía con la colocación de su puesto en la plaza municipal y así retomar sus actividades como las realizaba hasta hace unos meses. Bien poco se imaginó que minutos después se convertiría –una vez más- en parte de la estadística de mujeres víctimas de abuso sexual en Michoacán.
Ese mismo mes, se registraron 54 víctimas de dicho delito en Michoacán, una cada 13 horas. Al finalizar el año, las carpetas abiertas por denuncias presentadas sumaron 580 en el estado conforme a los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
A sus 43 años, Gloria Piceno Ibarra ya sabía lo que era sufrir abuso sexual. Casi cuatro décadas atrás, con apenas cuatro años de edad, había sido víctima de su abuelo paterno y del hijo adolescente de una mujer que la cuidaba. Los toqueteos que sufrió de niña y la violencia que padeció durante su matrimonio la habían marcado, pero había salido adelante gracias a la terapia que tomó por años buscando sanar.
“Ahora lo tengo bien identificado, porque tuve la oportunidad de ir a terapias psicológicas. Ahí entendí que toda la vida he vivido violencia (…) Mi marido me golpeó en dos, tres ocasiones y yo dije: ‘no, ya no voy a soportar más, antes era pequeña y no me sabía defender, pero ahora soy grande’ y fue que me separé definitivamente”.
Gloria contrajo matrimonio a los 19 años y estudió Derecho; sin embargo, no se tituló porque su esposo no quería que ejerciera, argumentando que no era una profesión para mujeres, que podía correr mucho riesgo. Por eso ella optó por el comercio, labor que le permitió sacar adelante a sus dos hijos cuando se separó de su marido.
La problemática
Cuando su hija decidió estudiar en la Ciudad de México, Gloria optó por dejar la empresa para la que laboró durante 12 años y probar suerte con un negocio propio, familiar, que les permitiera salir adelante. La decisión fue buscar un lugar más pequeño que Jacona, municipio en el que radica, con la idea de tener menos competencia y garantizar mayor rentabilidad. Así, acabó por instalar su comercio en Tangancícuaro.
La calle Miguel Silva de Jacona se convirtió en el primer punto de trabajo de Gloria en Tangancícuaro. Ahí rentó un local que surtía con mercancía que compraba en Tepito, cuando acudía a visitar a su hija a la Ciudad de México. Tiempo después, la calle fue cerrada al paso vehicular y sus ventas cayeron, por lo que optó por pedir permiso al inspector de comercio del municipio para colocar unas mesitas en la plaza principal y ahí ofertar sus productos.
En junio de 2024, en Michoacán hubo elecciones para renovar la integración de los gobiernos municipales y del Congreso del Estado. Durante el periodo de campañas, Gloria tuvo el primer contacto con Arturo, cuando éste hacía un recorrido por los comercios del centro de Tangancícuaro, saludando a la gente para ganar adeptos a su causa.
Él ya había gobernado el municipio años atrás, entre 2015 y 2018, luego probó suerte compitiendo como diputado local. En 2018 arribó al Congreso local por el Partido Acción Nacional por el distrito de Zacapu y fue compañero de legislatura del hoy gobernador Alfredo Ramírez Bedolla.
Cuando Arturo asumió por segunda vez la presidencia municipal de Tangancícuaro, comenzaron a circular versiones acerca de la reubicación de los comerciantes que se encontraban en la vía pública en el centro de la cabecera municipal. Gloria pensó que la militancia panista de toda la vida de su padre ayudaría a dialogar con el alcalde para evitar que su puesto fuera removido.
Su temor no tardó en confirmarse cuando, al arrancar la nueva administración, se realizó un censo de comerciantes y ahí Gloria fue notificada de que pasaría a formar parte de una lista para su reubicación y que tenía hasta el 16 de septiembre para trabajar en ese lugar.
Días después tuvo un segundo encuentro con Arturo. Como su puesto estaba ubicado al lado de la presidencia municipal, al toparse con él aprovechó el momento para plantearle su problema. Primero se presentó, le dijo que era hija de Juan Manuel Pinceno y le solicitó poder continuar trabajando en la plaza. Él le respondió que no se preocupara, que iba a revisar su caso.
Gloria retiró su comercio el día que le fue indicado, con la idea de que su situación se resolviera y pudiera retornar a laborar ahí, pero los días pasaron mientras hacía gestiones sin éxito buscando una respuesta.
A través de un conocido de su hija, logró concretar una cita con el alcalde la última semana de septiembre. Ahí, ella le explicó nuevamente su situación. Él le respondió que revisaría el caso con el director de comercio, le pidió su número telefónico y le preguntó cuándo la podía volver a ver. La cita se acordó para el 2 de octubre.
El abuso
Cuando Gloria sintió las manos de Arturo sujetarla violentamente por los glúteos, buscando con los dedos arribar a su sexo, por segundos revivió ser la niña de cuatro años que era abusada; luego, en su pierna percibió la erección de su agresor quien, estrechándola, le decía al oído: “Si te acuestas conmigo, te dejo trabajar todos los días”.
Las manos de Arturo buscaron allanar camino dentro del pantalón de su víctima, lo que la hizo reaccionar del miedo y estupor en que se encontraba, con fuerza se liberó de sus brazos, gritándole: “¿Qué te pasa? ¡Yo ya te había dicho que no quería nada contigo!”.
Días previos a la cita, Gloria había recibido vía WhatsApp mensajes de Arturo preguntándole cómo estaba, qué estaba haciendo, si había desayunado o comido. “Yo trataba de ser amable con él porque necesitaba resolver lo de mi lugar de trabajo, además creí que lo hacía por amabilidad porque conoce a mi papá”.
Los mensajes de él fueron escalando, cada vez más insistentes, hasta que le dijo que le había encantado estar cerca de ella. Buscando evitar malos entendidos, Gloria le respondió a Arturo que le pedía de antemano una disculpa si lo estaba malinterpretando: “Le dije, a lo mejor me estoy adelantando a algo que tú no tienes en la cabeza, pero me gusta dejar las cosas en claro desde un principio, porque tú tienes esposa y tienes a tu hija, mi padre te conoce desde hace 30 años y lo más importante, yo soy una mujer que me gusta respetar pero también ser respetada. Si tú tienes otra intención conmigo, desde ahorita te digo que no soy ese tipo de mujer».
“Ese mensaje se lo envié como a las tres de la tarde y ya en la noche él me respondió que lo disculpara si me había ofendido y yo todavía le dije que no me había hecho nada, que éramos adultos. Tú le puedes decir a una persona que te gusta, y si esa persona te dice no, pues es no, y ya, no pasa de ahí”.
El 2 de octubre, Gloria llegó a su cita. Faltaba poco para las 10 de la mañana cuando se anunció con una de las secretarias en la presidencia municipal. Ella le respondió que el alcalde no podía atenderla porque estaba en el Miércoles Ciudadano. Esto es, audiencias públicas en la plaza con la población que acude a plantearle distintos problemas.
Gloria decidió hacer fila en la plaza para hablar con Arturo. Ahí él la saludó hablándole de usted, le dijo que ya había visto su asunto y que la podía recibir en su oficina por la tarde y ella le respondió que sí.
Poco después de la hora inicialmente acordada, acompañado de su chofer, Arturo descendió de su camioneta y saludó a Gloria con un “buenas tardes, señora”. La presidencia municipal estaba cerrada, por lo que él tocó la puerta y una policía bajó por unas escaleras para abrirles.
Cuando ingresaron a la oficina, Arturo recibió una llamada, la contestó y después entró a un pequeño cuarto de donde salió con un par de botellas de agua, mientras sondeaba a Gloria sobre su vida. Le preguntó a qué se dedicaba, qué había estudiado, por qué no había ejercido nunca, si tenía hijos, por qué estaba en Tangancícuaro, entre otras cosas.
Arturo optó por sentarse al lado de Gloria tras entregarle la botella de agua. Entonces, la tomó de la mano para darle pequeños pellizcos y cambiar su tono de voz, acercándose a ella para susurrarle que era muy bonita y trabajadora, que le daba ternura. Desafanando su mano de la de él, ella se paró y, nerviosa, le dio las gracias por atenderla, diciéndole que no le quitaba más su tiempo. Pero él se levantó para tomarla otra vez por la mano, buscando besarla y asirla por la fuerza, tocándola y condicionando la solución de su problema a cambio de tener relaciones sexuales. Como pudo, ella salió del lugar.
Desesperada por lo ocurrido, Gloria contactó a un funcionario municipal de nombre Arturo Salazar con quien había hablado anteriormente. Al día siguiente, se encontraron en la plaza y ella le contó lo sucedido. Él le sugirió que, para evitarse problemas, borrara los mensajes que Arturo le había enviado y a cambio, le permitiría trabajar en la plaza. Ella, en su desesperación, siguió sus indicaciones.
Cuando le contó a su padre lo que había vivido, éste le recomendó no denunciar, considerando que Arturo era un hombre muy poderoso, además del escándalo en el que se vería envuelta.
Tras el abuso sufrido, Gloria sentía que iba a explotar. Le sobrevino una fuerte crisis emocional, por lo que acudió con su terapeuta, quien le recomendó denunciar y le proporcionó el teléfono de Fermina Arellano Montero, activista de la colectiva “Leonas de la Corregidora”, para que la apoyara.

La revictimización
Gloria llamó a Maribel Lara Vega, quien para entonces se desempeñaba como directora del Centro de Justicia Integral para las Mujeres (CJIM) en la región Zamora. Fermina Arellano le proporcionó el número para que ahí la apoyaran en el proceso legal en contra del munícipe.
Tras contactar a la funcionaria, Gloria acudió al CJIM. Ahí, Maribel le advirtió que su caso no prosperaría, argumentando que se trataba de “un delito menor” y le sugirió presentar una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), no por el abuso sexual sufrido, sino por el tema del retiro de su puesto en la plaza.
Con la asesoría legal de una abogada particular, Gloria sí presentó una queja ante la comisión, pero fue contra la directora del CJIM, por pretender disuadirla de presentar la denuncia, argumentando violaciones a sus derechos de trato digno y a la seguridad jurídica. El 23 de enero de 2025, el organismo le informó que se había iniciado el procedimiento correspondiente a su caso y el 20 de febrero le notificaron el acuerdo con el que se abría el periodo probatorio dentro del expediente CEDH/0286/2025-Q.
También solicitó el apoyo de la Secretaría de las Mujeres del Gobierno federal, desde la cual, en febrero pasado, se requirió la colaboración de la titular de la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo Integral de las Mujeres Michoacanas, Alejandra Anguiano González, para brindarle acompañamiento.
El Código Penal del Estado de Michoacán establece en su artículo 166 una pena de tres a diez años de prisión a quien, sin el consentimiento de una persona y sin el propósito de llegar a la cópula, ejecute en ella un acto sexual o la haga ejecutarlo. Además, establece que a quien haga uso de violencia física o psicológica, la pena prevista se aumentará hasta en una mitad.
La norma define como acto sexual los tocamientos o manoseos corporales obscenos o los que representen actos explícitamente sexuales u obliguen a la víctima a representarlos.
Gloria presentó la denuncia por abuso sexual contra el munícipe el 23 de diciembre de 2024 ante el agente del Ministerio Público adscrito al CJIM de Morelia. El 6 de enero, ambas partes fueron citadas a una audiencia de conciliación en la capital del estado, pero el munícipe optó por no presentarse.
Al temer por su integridad, Gloria solicitó medidas para su protección, lo que derivó en la reacción del alcalde, quien optó por la revictimización y manejar políticamente el asunto, asegurando que eran sus detractores, quienes habían perdido en la elección municipal de 2024, los que estaban detrás de la denuncia presentada por la víctima.
Incluso señaló que la querella obedecía a su determinación por reordenar el comercio informal en Tangancícuaro, acusó a Gloria de ser una abogada vinculada al PRI que pretendía difamarlo como revancha por no permitirle permanecer con su puesto y también declaró a la prensa que ella lo había amenazado públicamente, sin presentar prueba alguna al respecto.
Pese a que en sus declaraciones el edil aseguró estar dispuesto a comparecer y atender lo que le requiera la autoridad sobre la acusación, no se ha presentado a ninguna de las audiencias a las que ha sido requerido.
Al cabo de los meses, Gloria se impacientó al ver que su caso no avanzaba en la fiscalía, donde al inicio se pretendió que ella aceptara la conciliación vía mecanismos alternativos de solución de controversias. También le advirtieron que seguir con el caso podía causarle “un fuerte dolor de cabeza”, evitando que la carpeta fuera judicializada, lo que finalmente sí ocurrió, pero fue por órdenes de un juez tras recursos promovidos por la abogada de la víctima.
Además, el Ministerio Público se resistió a solicitar a la compañía telefónica de Gloria las sábanas de conversaciones de WhatsApp de su teléfono para poder recuperar los mensajes que en su momento le envió Arturo. También tuvo que ser un juez quien ordenara a la fiscalía requerirlas, sin que hasta el día de hoy ella tenga conocimiento de que ya se hayan solicitado.
A Gloria le llegaron versiones de presuntas instrucciones del entonces secretario de Gobierno, Carlos Torres Piña, de congelar el asunto. Posteriormente, él fue designado fiscal general del estado, por lo que ella temió que su caso se viera afectado.
En septiembre pasado, colectivas feministas sostuvieron una reunión con el nuevo fiscal. Gloria acudió por invitación de Fermina Arellano, y en el encuentro expuso su caso ante Carlos Torres, así como su temor por las versiones que tenía de que él estaría entorpeciendo el proceso. Hasta esta entrevista, ella no tenía presente que Arturo había sido compañero de legislatura del actual mandatario michoacano.
Finalmente, el juez de control y enjuiciamiento del Centro de Justicia Penal, Acusatorio y Oral, en la región de Zamora, fijó la audiencia para la formulación de imputación contra el edil para el 11 de septiembre de 2025, acusado del delito de abuso sexual agravado.
Sin embargo, el munícipe no se presentó. Su defensa argumentó que se encontraba enfermo de dengue y enteritis bacteriana, y como prueba presentó una receta médica, lo que fue refutado por la defensa, requiriendo que se mostrara el estudio de laboratorio para demostrarlo, ya que el edil había participado el día previo en el Miércoles Ciudadano y por la noche en un evento de aficionados. Debido a las contradicciones de la defensa durante la audiencia, el juez censuró que el alcalde estuviera enfermo para rendir cuentas ante la justicia y no para acudir a eventos, por lo que estableció un plazo de 24 horas para entregar los referidos estudios.
La nueva audiencia de imputación está programada para el próximo 23 de octubre, Gloria espera que con ello, se abran las puertas para el juicio que le permita acceder a la justicia.


