Regla de Tres

Relatos negros, cerveza rubia

“…una colección de relatos breves en los que Salem despliega su característico humor negro y su mirada irónica sobre la vida cotidiana.”

Uno podría pensar que las historias contadas por la novela negra son necesariamente oscuras, como su propio nombre indica. Y claro, si se mueven en los rincones más sombríos de la sociedad, ¿qué podrían tener de divertidas?

Pues bien, el cozy noir, ese subgénero de la novela negro-criminal, nos ha demostrado que este género aguanta todo… o casi todo. La paleta es amplia: desde lo más tenebroso hasta lo risueño con ironía. Podemos encontrar diversos estilos que evidencian que la novela negra no es un bloque monolítico ni monotemático. A modo de introducción, suele dividirse en tres grandes grupos:

  • El hardboiled o “duro y puro”, con detectives privados cínicos, violencia explícita y ambientes urbanos degradados.
  • El noir psicológico, con menos acción física y más introspección, centrado en la mente del criminal o de la víctima.
  • Y el noir social, que denuncia la corrupción política, la desigualdad, el racismo o la violencia de género.

A partir de allí, se abre un abanico enorme que incluye temáticas y enfoques muy variados: noir histórico, político, rural (el famosocountry noir),eco-noir, tecnológico o ciber-noir, además de tonalidades como el feminist noir, el domestic noir, el meta-noir literario, el true crime novelado y los híbridos que cruzan el género con la ciencia ficción, el tecnothriller o incluso el fantástico. Sin olvidar al cozy crime, que aunque más cercano a lo policiaco, juega con el contraste entre lo ligero y lo oscuro.

Y hablando de contrastes, en una incursión por una librería de viejo -una aventura que recomiendo sin reservas, sobre todo si quiere que le sobre polvo en la nariz-, me encontré con una pequeña joya que les recomiendo ampliamente: Relatos negros, cerveza rubia del argentino Carlos Salem (Navona Negra, 2016), un libro de la serie de “cerveza-ficción” que es la segunda entrega, despues de la novela En el cielo no hay cerveza,  (Navona negra, 2015)…

Esta grata sorpresa es una colección de relatos breves en los que Salem despliega su característico humor negro y su mirada irónica sobre la vida cotidiana. La obra reúne historias que transitan entre el noir y la intriga, siempre aderezadas con un toque de surrealismo y, cómo no, con una buena dosis de cerveza como símbolo de evasión, encuentro y, a veces, perdición. El estilo de Salem es directo y fresco, capaz de arrancar tanto una sonrisa como una reflexión. Ideal para quienes disfrutan de la literatura policiaca con un aire desenfadado y urbano.

Un ejemplo: el libro abre con “Japoneses a la brasa” (sí, con ese título que ya abre el apetito). Se trata de una historia hilarante que se vale del estereotipo clásico de los japoneses turistas: en grupo, con sombrerito de tela, pantalón corto y cámara al cuello, fotografiando todo lo que se mueva… y lo que no también. El problema es que, en esta ocasión, fotografían lo que no deberían.

El relato arranca en el Mercado de San Miguel, en pleno centro de Madrid (ese lugar amado por millones de turistas y detestado por buena parte de los madrileños). Allí, un supuesto mensajero corporativo conversa “involuntariamente” con un parroquiano mientras se toma una caña. Entre tapa y tapa, le cuenta que tiene un subalterno muy querido, al que ha entrenado en el oficio. Para disimular, dice que todo es ficción… pero en realidad es un asesino a sueldo, y su pupilo, un aprendiz en prácticas sangrientas. Un mal día lo mandan a una misión-trampa, diseñada para que fracase y su maestro tenga que eliminarlo. Pero el aprendiz resulta eficiente: ejecuta el crimen con pulcritud milimétrica… salvo por un detalle: unos turistas japoneses lo fotografían justo en el momento del asesinato. Y claro, como “todos los japoneses son iguales” (según el asesino, no según el narrador, aclaremos), la solución lógica es… liquidarlos a todos, por si acaso.

No cuento más, pero se imaginarán que abundan el humor negro, la ironía, los destellos de surrealismo y, por supuesto, la cerveza, como debe ser.

Solo para abrir boca, mire usted algunos títulos de los relatos: Japoneses a la brasaYo lloré con Terminator 2Los taburetes del diabloMi musa de cuatro patasUno de hadas… hasta completar 26 piezas, todas sorprendentes, todas imperdibles.

Un libro excelente para pasar una buena tarde de café, churros con chocolate y risas que, entre carcajada y carcajada, nos recuerdan lo desquiciado que puede ser el mundo.


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