“…muchos de los integrantes del oficialismo aún desperdician su capital político viéndose el ombligo unos a otros…”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
Son varias las ocasiones en las que el partido en el poder o alguno de sus militantes, vende a la llamada Cuarta Transformación como un proyecto de izquierda, o bien, como una fuerza política de carácter progresista. Entendidos estos conceptos como la tendencia política de velar por los derechos de la clase trabajadora, la reducción de las desigualdades económicas y el respeto a los derechos humanos como un ambiente sano, la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres y la diversidad sexual, el presente Vivero de Ideas busca analizar si el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum es, en los hechos, una “izquierda progresista”, o si se trata de un mero eslogan de campaña. De vez en cuando, se harán breves comparaciones con partidos políticos de ideologías correspondientes en otros países de América Latina y Europa.
Para comenzar, es de reconocer que Morena y aliados, junto con Movimiento Ciudadano, han acompañado las demandas de distintos colectivos en materia laboral, tales como la reducción de las jornadas de trabajo a 40 horas por semana, aumentar los días de asueto para trabajadores, la denominada Ley Silla y por supuesto, el aumento al salario mínimo. Por cierto, el movimiento naranja recibe aquí una mención honorífica, pues se ha convertido en una suerte de partido laborista en nuestro país.
Por otro lado, los programas sociales insignia del gobierno federal, que recientemente han sido anunciados con bombo y platillo como la receta mágica para reducir la pobreza en nuestro país, sin duda son un logro. Sin embargo, sería mejor que dichos programas fueran diferenciados, pues al ser universales se corre el riesgo de que el gasto público en este ramo se vuelva regresivo y no progresivo. En pocas palabras, que personas que gozan de un buen nivel socioeconómico (como el ex diputado Gabriel Quadri) compitan con las personas que verdaderamente los necesitan.
En los dos rubros precedentes, las políticas del actual gobierno lucirían más si la 4T se atreviera a aprobar una reforma fiscal de carácter más progresivo, como lo sugieren organizaciones no gubernamentales como Oxfam México o el Centro de Estudios Espinoza Yglesias. El oficialismo tiene, a la buena o a la mala, mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión para hacerlo, lo único que les hace falta es querer.
Respecto a la protección ambiental, si bien es cierto que las trayectorias de la Doctora Sheinbaum y de la titular de la Semarnat, Alicia Bárcena, dan garantía del interés en la materia, desgraciadamente la realidad las sigue rebasando: asesinatos de defensores del territorio, megaproyectos que atentan contra ecosistemas en diversos estados y recortes presupuestales a las dependencias encargadas de la protección ambiental, han sido una triste constante desde hace por lo menos una década.
Continuando con la agenda ambiental, cabe señalar que en el Parlamento Europeo, los partidos socialista y verde firmaron un convenio de colaboración para hacer frente al ascenso de la extrema derecha. En nuestro país, en cambio, es una lástima la sociedad entre Morena y el Partido Verde, pues a éste último solo le interesan las posiciones políticas y vivir del erario público, ensuciando el nombre de una causa tan noble como es el ambientalismo.
En cuanto a la cartera de género, el apoyo a la interrupción legal del embarazo, la creación de una Secretaría de Estado específica para esta agenda e incluso la propia llegada de una mujer a la Presidencia, constituyen un avance. Pero no es suficiente: la cifra de feminicidios sigue siendo constante y el trato que se le ha dado a las madres buscadoras ha sido insultante.
Tampoco es una buena señal que se le dé cabida dentro de la 4T al líder de la iglesia evangélica en México, Hugo Eric Flores Cervantes, representante de uno de los sectores más conservadores frente a los temas emblemáticos del progresismo del S.XXI, como la diversidad sexual o la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.
Finalmente, en materia de relaciones exteriores, el Gobierno de México ha dado un paso muy importante al reconocer al Estado de Palestina. Por el contrario, se ha tardado en romper relaciones comerciales con el Estado de Israel, como ya lo han hecho mandatarios progresistas como los de Brasil, Colombia o España.
Teniendo este contexto, entonces ¿La Cuarta Transformación es un movimiento de izquierda progresista? Hay una legítima aspiración por parte de algunos de sus militantes, así como importantes esfuerzos por lograrlo. Sin embargo, muchos de los integrantes del oficialismo aún desperdician su capital político viéndose el ombligo unos a otros, pepenando panistas y priístas impresentables para procesos electorales y reproduciendo las prácticas más añejas del PRI del siglo pasado; lo que por momentos hace pensar que este gobierno constituye todavía una suerte de amago o de conato de izquierda progresista.
Ilustración portada: Reco


