El investigador Jaime Paneque, alerta sobre el impacto que tendrá esta obra en los manantiales que abastecen de agua a la mayor parte de Morelia
Patricia Monreal
Una obra que no se justifica en términos sociales y es “totalmente perjudicial” en términos ecológicos, es la del Segundo Anillo Periférico que el Gobierno del Estado construye en Morelia, esto en la valoración de Jaime Paneque-Gálvez, Doctor en Ciencia y Tecnología Ambientales.
Para el también investigador del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA), de la UNAM, la obra tendrá muchas más consecuencias negativas para la ciudad en su conjunto y para las personas que supuestamente se beneficiarán.
El Segundo Anillo Periférico es una de las obras multianuales emblemáticas del gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla, con la que se promociona el «desarrollo» en Michoacán. Sin embargo, el tiempo ha evidenciado una realidad distinta, con afectaciones denunciadas por propietarios despojados de sus predios por expropiaciones pagadas a precios ínfimos, y un impacto que se avizora mayúsculo al medio ambiente y al suministro de agua para Morelia
Entrevistado por Regla de Tres a propósito de esta obra, Jaime Paneque de entrada señala que uno de los principales problemas socioambientales relacionados con el segundo anillo periférico tiene que ver con las posibles afectaciones al suministro de agua. Recuerda que la Mintzita no es un único manantial, sino un conjunto de ellos, aunque se le suela mencionar en singular. Este sistema de manantiales abastece una parte muy importante de la ciudad.
“Aunque la cifra exacta no está clara debido a la falta de transparencia de las autoridades, se estima que entre el 35% y el 45% de las colonias de Morelia se abastecen con agua proveniente de la Mintzita. Además, recientemente se ha trabajado en un acuaférico para extraer agua de ésta y llevarla a varias colonias, principalmente en la zona norte de la ciudad”.
Esto, puntualiza el investigador, resalta la importancia de la Mintzita para el suministro de agua urbano. Agrega que las zonas de recarga fundamentales para este sistema son el cerro del Remolino y el cerro El Águila, que se encuentran muy cerca uno del otro. “De acuerdo con mapas geológicos, la mayor concentración de infiltración ocurre en el cerro del Remolino, haciendo que ambos cerros sean esenciales para la recarga hídrica.
“Por lo tanto, cualquier proceso que dificulte la infiltración de agua en esa zona afectará directamente la cantidad de agua que provee a estos manantiales. La construcción del anillo periférico, al cubrir una extensa área con superficies impermeables, lógicamente alterará la capacidad de infiltración”.
Además el investigador recuerda que, como han señalado algunos ejidatarios y comuneros, la obra podría impedir el flujo natural del agua desde las laderas hacia las zonas bajas, disminuyendo aún más la infiltración en los terrenos.
Este tipo de obras lineales, comenta, tienen consecuencias negativas que podrían mitigarse parcialmente. Como ejemplo refiere que se podrían construir grandes drenes que permitan el paso del agua y, además, implementar infraestructura para canalizarla y facilitar su infiltración.
Sin embargo, reconoce que ese tipo de obras, que encarecen proyectos ya de por sí costosos, rara vez se llevan a cabo. En general, admite, no se invierte en medidas de mitigación de daños ambientales, especialmente en países como México. Por lo tanto, no es realista esperar que se implementen medidas correctivas.
“Además, sabemos que no se ha realizado una manifestación de impacto ambiental, lo que evidencia la falta de interés en el daño ambiental que esto puede provocar”.

¿Desarrollo?
Jaime Paque es crítico cuando se habla de desarrollo, recuerda que este concepto está muy manoseado y cada quien lo entiende de manera diferente. “Desde una perspectiva académica y crítica, en su origen fue diseñado por un presidente estadounidense en plena Guerra Fría, con una connotación imperialista y colonial. En su momento, buscaba alinear a los países que emergían del colonialismo, orientándolos hacia occidente en lugar del bloque soviético.
“Después de unas siete u ocho décadas de teoría y práctica del desarrollo, hay más sombras que luces”. Personalmente, el investigador se ubico entre los críticos del desarrollo y opino que se debería dejar de usar este término, ya que se convierte en un marco de referencia limitante que no ayuda a pensar de manera útil.
En el contexto actual y en este caso particular, señala que todas las grandes obras públicas se justifican con ideas de progreso, modernidad y desarrollo. Sin embargo, subraya, lo que se ve una y otra vez es que los principales beneficiarios “de este mal llamado desarrollo” son las élites empresariales y financieras, así como los políticos de distintos niveles que se enriquecen ilícitamente con estos proyectos. En ese sentido, recalca que el desarrollo termina siendo el beneficio de los mismos de siempre.
“Creo que esta obra será de poco beneficio para las personas que supuestamente se dice que se van a beneficiar. Incluso, se plantea que varios tramos de la obra estarán concesionados. México es uno de los países del mundo con autopistas más caras, y sería interesante investigar en qué puesto se encuentra”.
Comenta que en Europa, no recuerda haber tenido la sensación de autopistas tan caras como las de México, que además son de baja calidad. “Casi nunca tienen doble carril, sino que suelen ser carreteras normales de un carril por sentido, con un acotamiento amplio al que uno debe recurrir. Y son ridículamente caras. En muchos países, lo normal es que las autopistas sean públicas, y aunque a veces se concesione algún tramo, no suele ser tan caro como en México”.
“Por lo tanto, si además se dice que van a concesionar fragmentos del Segundo Anillo Periférico, ¿cuándo lo usarán las personas de comunidades como San Nicolás o Cuanajillo, que son poblaciones mayoritariamente pobres?”
-Una obra como el Segundo Anillo Periférico que rodeará la ciudad ¿pone en riesgo el abastecimiento de agua en Morelia?
“Sí, totalmente, porque además estamos en la zona de mayor infiltración de la ciudad, específicamente en los manantiales que abastecen la mayor parte de la ciudad, como los de la Mintzita. Sin embargo, el anillo periférico pasará por otras zonas forestales que también son importantes para el suministro de otros manantiales, como el Cerro de Quinceo. Es decir, toda esa área también recibe agua en la parte baja, donde hay manantiales, y evidentemente se verán afectados. Toda la parte que va por detrás de la caldera de Atécuaro (me parece, ya que no han publicado con exactitud el polígono, amparándose en la reserva de información y la seguridad nacional, para evitar la protesta social) es aún zona forestal”.
Recuerda que siempre que se afecten zonas forestales en laderas de montaña, se impactará la cuenca. Morelia, puntualiza, es una cuenca endorreica, lo que significa que toda el agua que escurre de estas montañas forma humedales naturales en la parte llana de la ciudad. “Lógicamente, al impedir o cortar ese flujo, se perjudica gravemente la posibilidad de recarga hídrica”.

Afectaciones inmediatas
Los efectos de la obra del Segundo Anillo Periférico serán inmediatos una vez que esté construida, apunta Jaime Paneque, y explica que disminuir la superficie de infiltración e impedir los flujos naturales del agua hacia sus zonas de infiltración natural tiene un efecto inmediato, aunque no necesariamente perceptible de un año para otro, y estima que posiblemente no lo notará la sociedad en su conjunto. “Esto se debe, en parte, a la falta de información por parte de las agencias de gobierno sobre datos básicos del agua y su procedencia”.
Consecuentemente apunta que la mayoría de la gente desconoce si el agua que consume proviene de la Mintzita o de otro manantial, así como las características del agua y la posible presencia de contaminantes. “El gobierno es reacio a proporcionar este tipo de información. En muchos casos, el agua proviene de pozos, pero la gente no lo sabe”.
Por lo tanto, considera que es probable que la población en general no se dé cuenta a corto plazo, aunque sí a medio plazo, debido al aumento en la escasez de agua.

Obra sin sentido
Cuestionado sobre el qué hacer frente a una obra de este tipo, el investigador recalca que desde un punto de vista estrictamente científico, la obra carece de sentido. En primer lugar, duda que realmente beneficie a las poblaciones a las que supuestamente está destinada. Adicionalmente estima que el motivo real subyace en la especulación urbanística y el negocio de la obra pública para ciertas familias y personas con poder, más que en una lógica social.
En su opinión, es una obra innecesaria. “El anillo periférico se encuentra demasiado alejado de la ciudad para ser útil. Incluso para mí, que vivo en el borde de la ciudad, dudo que este anillo me sea útil a corto plazo, ya que las distancias son demasiado largas. Para la gente que vive dentro de Morelia, está demasiado alejado, y para las poblaciones externas ya existe la vía de acceso directa, que es la salida a Pátzcuaro, así como otro anillo periférico”.
De ello infiere que en la mayoría de los casos, no se justificará recorrer muchos más kilómetros por el ahorro de tiempo, lo que sí conllevará un mayor consumo de gasolina. Recuerda que a mayor distancia y velocidad, mayor gasto de combustible, lo cual representa un costo económico importante para personas con recursos limitados. Además, recalca, esto implica un problema de contaminación añadido a la ciudad debido al aumento de las emisiones.
“Me parece que la obra no se justifica en términos sociales y es totalmente perjudicial en términos ecológicos. Tendrá muchas más consecuencias negativas para la ciudad en su conjunto y para las personas que supuestamente se beneficiarán, quienes se ven afectadas por expropiaciones a un costo por debajo del precio real del suelo actual, y mucho más después de que la obra esté terminada y los terrenos se revaloricen.
“Tanto para ellos como para la ciudadanía en general, las consecuencias negativas superan con creces las posibles consecuencias positivas, que para muchos, de hecho, no existirán. Tengo entendido que este anillo es más grande que el de la zona metropolitana de Guadalajara, que es mucho más grande que Morelia, lo cual da una idea de lo innecesario que es”.
Del mismo modo remarca que se están introduciendo más carreteras en Morelia, que es una pequeña cuenca endorreica rodeada de montañas. Se está construyendo un anillo justo en la ladera de todas esas montañas circundantes, lo que perjudica zonas forestales, áreas de alto valor ecológico y la recarga de agua, entre otros aspectos.
Paneque se asume crítico con las obras faraónicas, aunque dice entiender que algunas tienen un beneficio social real. Sin embargo, cree que la mayoría no se construyen con ese propósito, que hay proyectos extremadamente útiles que no se realizan por falta de interés político y empresarial.
“Se prefiere construir dobles pisos y carreteras para más vehículos privados en lugar de invertir en obras menos faraónicas como un metrobús funcional. Sin embargo, está demostrado a nivel mundial que mejorar la infraestructura vial en las ciudades no mejora el tráfico.
“Estos son los dilemas del desarrollo, que a menudo presentan falsas soluciones, generalmente ligadas a soluciones técnicas e ingenieriles costosas, que no suelen resolver el problema original y, con frecuencia, generan nuevos problemas que no existían”.

Hacinamiento e inseguridad
A juicio del investigador, la obra del Segundo Anillo Periférico servirá sobre todo para generar un nuevo corredor comercial e industrial en la ciudad, lo cual traerá consigo determinados problemas sociales. Advierte que se generará una gran cantidad de nuevas bodegas a lo largo de todo el anillo, y estas, en ocasiones, se prestan a actividades ilícitas, o incluso, aunque no haya actividades ilícitas, pueden ser invadidas y robadas por el crimen organizado.
También considera que la obra es un incentivo para seguir construyendo nuevos fraccionamientos alejados. “Arco San Pedro fue un fraccionamiento pionero en ese sentido, terriblemente lejos de la ciudad y totalmente desconectado en su momento. Ahora, con el segundo anillo, quedará prácticamente dentro de la mancha urbana, ya está mucho más conectado de lo que estaba cuando se construyó. Pero podrían surgir nuevos Arcos San Pedro, mucho más allá del segundo anillo”.
Así pues, abunda que todo lo que es la carretera hacia Pátzcuaro está planeado como un corredor no solo comercial e industrial, sino también habitacional. “Esos ranchitos a lo largo de la carretera o en las faldas del cerro del Águila, como Las Joyas o Cuanajillo del Toro, están siendo absorbidos.
“Esto implica una mayor degradación ambiental y gente que vive muy a las afueras, en condiciones precarias, en zonas con problemas sociales de delincuencia, lo que facilita la vida al crimen organizado. Estas zonas a menudo son abandonadas o la gente se queda atrapada porque no pueden permitirse algo mejor, ya que no son funcionales ni siquiera una vez que la gente compra su casa. La gente se queda ahí marginalizada y, a menudo, no puede acceder al mercado laboral por lo lejos que está, porque no les sale la cuenta en dinero y en tiempo”.
En resumen, Jaime Paneque evalúa la obra del Segundo Anillo Periférico como un despropósito. “La lógica es un enriquecimiento, podríamos decir que, no sé si ilícito, pero sí un enriquecimiento de unos cuantos a costa de un perjuicio colectivo. Desgraciadamente, así son casi todo este tipo de obras”, concluye.
Imagen portada: Obra primera fase Segundo Anillo Periférico | Fotografía: Gobierno del Estado
Consulta:
Represión y despojo, 2º anillo periférico


