“El pasado siempre regresa, y como decía Faulkner: ‘El pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado’. Y el pasado regresó, buscando a Marion”.
Gerardo Pérez Escutia
Patrice Bergogne es un hombre que se acerca a los cincuenta, un poco gordo y desaliñado, sin mayor preocupación por su aspecto físico. Sus prioridades son mantener la pequeña granja que su padre le heredó, en las inmediaciones de La Bassée , un pequeño poblado de unos tres mil habitantes en la Francia rural, que languidece al irse quedando poco a poco sin habitantes y sin visitantes, ya que ni siquiera figura en las rutas turísticas. Es un mundo destinado solo a menguar, a reducirse, a desvanecerse hasta el final. Al morir su padre y marcharse sus dos hermanos a la ciudad, Patrice declaró que no quería vender, que conservaría la explotación y que permanecería allí hasta el final, como quiera que fuera. La propiedad de Bergogne consta de tres casas: en una vive él con su esposa y su hija, en otra vive Christine, una anciana pintora parisina, que escapando del tumulto y del viciado ambiente cultural de París, se refugió en aquel caserío perdido en la campiña. Ya lleva unos veinticinco años viviendo allí y es como parte de la familia Bergogne. Una tercera casa del complejo está en venta, y esporádicamente reciben a gente interesada sin haber podido concretar una buena oferta.
Marion, la esposa de Patrice, es una bella mujer de ciudad, Bergogne la conoció a través de una aplicación de citas, ya cuando vislumbraba en su horizonte solo una vejez solitaria al cuidado de su granja y una docena de vacas. Marion es el tipo de mujer que no deja indiferente a nadie: dueña de una belleza agresiva y una personalidad tempestuosa, su carácter e imagen provocan muchas preguntas en los lugareños: ¿Cómo una mujer tan guapa se fue a fijar en alguien tan anodino como Patrice Bergogne? ¿Cómo una mujer de ciudad, con todos los atributos para triunfar en la jungla urbana, languidece ocho horas diarias trabajando en una pequeña compañía aseguradora de la Basée ?
A pesar de tener ya diez años como vecinas, Christine, la pintora, no termina de aceptar del todo a Marion. Su convivencia ocurre principalmente a través Ida, la hija de Bergogne y Marion— a quien Christine quiere como si fuera su nieta—. Ella siempre ha sospechado que Marion no ama a Patrice, que hay algo turbio en su pasado y que él, en el fondo, lo sabe.
A pesar de tener la vida que eligió, Patrice es un hombre taciturno e infeliz. Reparte su día entre el cuidado y ordeña de sus vacas, la venta del queso y la mantequilla que produce, y el mantenimiento de una granja que ya acusa cierta decrepitud. Su amor desaforado por Marion le permite soportar su frialdad y el hecho de que prácticamente no tengan relaciones carnales. Compensa esta carencia con salidas clandestinas en busca de prostitutas africanas que, de vez en cuando, llegan a su pueblo. Así vive, entre la ansiedad y la culpa, pero siempre pendiente de Marion, quien apenas disimula su rechazo hacia un hombre que siempre “huele a establo”.

Se acerca el cumpleaños número cuarenta de Marion, uno de los pocos acontecimientos que rompen la rutina en la granja, Ida, la hija, tiene días acudiendo al taller de Christine, (toda su casa es un taller de pintura) para que la guíe, pues quiere regalarle a su madre unas pinturas hechas por ella misma. Christine accede a ayudarla con cierto resquemor, debido a la desconfianza que le inspira Marion, pero el cariño que siente por Ida y Patrice, le permite hacer “de tripas corazón”. Cuando se acerca la fecha, Patrice planea comprar en el pueblo una opípara cena y regalarle algo verdaderamente significativo a su esposa. Aunque sus magras finanzas sangren, planea invitar a las dos compañeras de oficina de Marion, con quienes cada sábado se va de fiesta, bajo la resignada mirada de su esposo. Solo hay un detalle que ensombrece esos días de preparativos: Christine ha comenzado a recibir nuevamente por correo mensajes anónimos y amenazantes. El último incluso fue dejado bajo su puerta. Al principio lo tomo con humor, pues pensó que los paletos campesinos del pueblo la veían como una especie de bruja de mal agüero. También sabe que, en sus años de recién llegada, —cuando aún era joven y muy bella—, tuvo algunas aventuras con hombres del pueblo sin discriminar su estado civil, y eso le granjeo rencores añejos. Bergogne la ha llevado a la comisaría a denunciar esto, pero ella sabe que no le harán caso: a sus sesenta y nueve años, la consideran solo una vieja loca y extravagante.
Estos son los cuatro personajes principales de la estupenda novela que recomendamos esta semana. Se trata de Historias de la noche (Editorial Anagrama, 2020), de Laurent Mauvignier (Tours Francia, 1967).
Laurent Mauvignier es actualmente uno de los nombres más elogiados de la novelística francesa contemporánea
Al llegar el día del cumpleaños de Marion, tres hombres se presentan en la casa de Christine, la pintora, preguntando por la casa en venta. En realidad, no les interesa la casa. Quien les interesa es … Marion.

El pasado siempre regresa, y como decía Faulkner: “El pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado”. Y el pasado regresó, buscando a Marion. La historia adquiere entonces una intensidad diferente. Lo que hasta ese momento parecía un drama rural costumbrista, se convierte en un thriller violento e intenso. Llega Ida de la escuela y , posteriormente Patrice con los regalos, dispuesto a celebrar con su esposa, y se dan de bruces con una realidad que nunca hubieran imaginado.
Con una narración precisa, sin florituras, el autor nos brinda un thriller rural: una mirada a una Francia profunda y violenta. Al mismo tiempo, disfrutamos de una novela de gran profundidad psicológica, donde cada personaje está desarrollado con un detalle inusual en la novela negra. Hay mucha violencia sin mostrarla de forma explícita; hay crueldad, engaño, celos y hasta critica social en el claustrofóbico micromundo que construyó el autor con tan pocos personajes.
Una historia inquietante que transita todos los registros del noir psicológico, sin trucos, ni vueltas de tuerca innecesarias, y con un cierre espectacular. Una lectura muy recomendable para estos días tórridos y secos.



1 comentarios
Me encanta cómo desglosas los elementos de la historia en tus reseñas. Es muy interesante leer tu perspectiva.